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JOYAS MALDITAS II

Continuemos con nuestro especial sobre las joyas malditas de la historia.

En el post anterior os hablábamos del diamante Hope y el Dethi Purple Sapphire, tan letales como bellos. En este, lo vamos a hacer no de una joya en concreto sino en tesoros.

El primero y más conocido es el Tesoro de Tutankhamon.

Mundialmente conocido por las maravillas que encerraba dentro, su historia siempre ha estado plagada de leyendas y maldiciones.

16 fueron las personas que fallecieron a consecuencia de que Howard Carter y el conde de Carnravon profanaran la tumba del faraón. Según la leyenda, en una de las paredes que tiraron para acceder a la tumba había una inscripción: “La muerte vendrá con alas ligeras sobre todo aquel que se atreva a violar esta tumba”. Y así murió Lord Carnravon, por la infección de la picadura de un mosquito. Su medio hermano, Audrey Herbert, cayó muerto en su dormitorio al igual que el ayudante de Carter, Arthur Mace.

La secretaria de Carter y el padre de la misma, el radiólogo que le hizo las radiografías a la momia, amigos de Carter que habían estado con él en la tumba, médicos que participaron en la autopsia del faraón, etc. fueron víctimas de la maldición.

El que la evitó y murió por causas naturales evitando la funesta maldición fue el mismo Howard Carter. Aunque ello no le restó gravedad a la leyenda que, aún a día de hoy, se sigue manteniendo muy viva.

Otra de las leyendas que envuelven otro tesoro es de las joyas de la Corona Checa.

Dice de ellas la leyenda, que cualquiera que se ciña la corona sin ser rey, al cabo de un año morirá. Y un ejemplo bastante conocido de ello, es el del Reinhard Heydrich, máximo representante del Tercer Reich en Bohemia y Moravia. En una visita que realizó a las instalaciones donde se guardaban los tesoros de la Corona Checa, sintió la soberbia de ponerse la corona real. Un año más tarde fue asesinado por antifascistas checos.

No sabemos si por la leyenda o por el incalculable valor que tienen, pero nunca se exponen y nadie se puede acercar a ellas a no ser que sea por motivo de la coronación real.

Están custodiadas en una austera cámara gótica de la catedral de San Vito en Praga.