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La Gran Corona Imperial Rusa

Los Romanov fueron una de las dinastías más importantes y duraderas de Rusia y para la coronación de sus soberanos se mandó confeccionar una joya digna de los zares de Todas las Rusias: la Gran Corona Imperial.

Originariamente, se utilizaba para la coronación de los zares, el denominado Gorro de Monómaco, símbolo de la autocracia rusa, gorro de origen oriental confeccionado en oro y compuesto por ocho sectores ornamentados con filigrana de oro y bordeado de piel.

De hecho, cuando Miguel Romanov fue proclamado zar como Miguel I de Rusia, en 1613, lo utilizó junto con el collar ceremonial, el cetro, el orbe, la cruz pectoral y una cadena de oro.

La Corona Imperial de Rusia no fue utilizada hasta la llegada al trono de Catalina II de Rusia en 1762 y la última vez que se utilizó para un evento público relacionado con los zares fue en la I Duma de 1906 en la que el zar Nicolás II de Rusia realizó la ceremonia de apertura.

A lo largo de la historia, la Corona Imperial Rusa se ha utilizado en las coronaciones de Catalina II, Pedro III, Pavel I, Alexandr I, Nicolás I, Alexandr II, Alexandr III y Nicolás II durante unos 144 años.

Su forma tiene origen en los modelos bizantinos. En la parte inferior de la misma se encuentra el anillo que toca sobre la cabeza del zar. Después se sitúa la mitra, que está dividida en dos semi esferas, bordeadas de perlas, que representan el Imperio Romano de oriente y occidente. Entre ambas se colocó un arco en forma de hojas de laurel recubierto de diamantes que representa el poder temporal de la monarquía. Sobre el arco, podemos ver una espinela roja de 398,72 quilates, rematada por una Cruz de 5 diamantes, en representación de la fe cristiana del soberano y del imperio. En el interior de la corona nos encontramos con precioso terciopelo rojo, referencia a los emperadores romanos. Toda la corona está recubierta por 4936 diamantes que le dan un peso total de más de 4 kilos.

Hoy en día, está custodiada y expuesta en el Fondo de Diamantes sito en la Armería del Kremlin, en Moscú. Aunque durante muchos años estuvo en paradero desconocido por los rusos, ya que, tras la Revolución de Octubre, las joyas de la Corona fueron utilizadas como garantía de un préstamo realizado por la República de Irlanda. La Corona pasó a estar custodiada por la familia Boland, que debido a la Guerra Anglo-irlandesa, no se arriesgó a hacerse cargo de ella y se la pasó al gobierno, quien la retuvo hasta que, en 1948, el dirigente John A. Costello, pretendió venderlas en subasta pública en Londres. Tras varios litigios, se decidió que había que devolverla a sus legales propietarios, por lo que Rusia se hizo con la Corona Imperial de nuevo.

La Corona Imperial Rusa aparecía en el escudo grande del Imperio, en el escudo de Estado mediano y en el escudo de Estado pequeño. Hoy en día está en el escudo de Rusia y en el de San Petesburgo y, durante 100 años, en el de Polonia.

Gracias al zar Pedro I el Grande, tanto la Corona Imperial como otras joyas de incalculable valor fueron depositadas en lo que se llamó en Fondo de Diamantes, en el que se creó un fondo permanente para que albergara una importante colección de joyas para que fueran inviolables, no pudieran venderse, ni regalarse, ni mucho menos, ser modificadas.