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Joyas de la Corona Checa

A lo largo de este blog hemos hablado de joyas de la corona europea y una de ellas nos faltaba. Quizás la más antigua y más importante de todas: las joyas de la Corona Checa.

Realmente pocas son las joyas que la componen pero de una importancia histórica igual y un valor económico inigualable.

Las joyas de la Corona Checa la componen la Corona de San Wenceslao, El Cetro y el Orbe Real y El Manto de Coronación.

Corona de San Wenceslao.

La Corona de San Wenceslao es, quizás, de las más antiguas conservadas de Europa. La mandó confeccionar el rey Carlos IV en 1347 para la ceremonia de su coronación y la de todos sus sucesores, dedicándosela al santo patrón checo, San Wenceslao. La última coronación en la que se ha utilizado ha sido la de Fernando V en 1863, en total, 22 monarcas que la han lucido en sus ceremonias.

Está realizada en oro de 22 quilates y se trata de una esfera de la que salen cuatro triglifos en forma de flor de lis y rematada con un crucifijo en la que se puede leer la siguiente inscripción: “Hic est spina de corona domini” o lo que es lo mismo “Aquí se conserva un espino de la corona de Cristo”. La cruz está rematada con un camafeo de zafiro y piedras preciosas.

Tiene engastadas la friolera de 20 perlas naturales y 96 piedras preciosas entre las que se encuentran 6 de los 10 zafiros más grandes del mundo. Mide 19 centímetros de alto y pesa casi 2,5 kilogramos.

Está envuelta en una leyenda mediante la cual cualquiera que ose ceñírsela sin ser el legítimo rey, morirá en un plazo máximo de un año. Curiosamente, en la época de la II Guerra Mundial, el general alemán Reinhard Heydrich, en un alarde de soberbia, se colocó la corona sobre su cabeza. Un año después murió en un atentado de los antifascistas checos. Hasta el momento no se ha conocido otro caso.

El Cetro y la Esfera Real.

Ambas joyas de la Corona Checa fueron elaborados alrededor del siglo XVI en el mismo taller, aunque no se tiene constancia de en cual.

Están confeccionados en oro puro de 18 quilates.

El Cetro mide unos 67 centímetros de largo, pesa 103 gramos y está adornado por 61 perlas, 4 zafiros y 5 espinelas, decorado con hojas y flores.

La Esfera mide 22 centímetros, pesa 800 gramos y tiene la forma de 2 hemisferios unidos por un arco de perlas y piedras preciosas y está decorado con escenas bíblicas de la Creación del Mundo y David y Goliat.

El Manto de Coronación.

Está confeccionado en seda entretejida con hilos de hora y bordeada completamente por piel de armiño, exclusiva de la realeza. Tiene forma semicircular y mide 3.12 metros de ancho y 2,36 metros de largo.

Su último uso se realizó en 1836 en la coronación de Fernando V.

Capilla de San Wenceslao.

Todas las joyas de la Corona Checa se encuentran en una pequeña cámara de la Capilla de San Venceslao de la Catedral de San Vito, Praga.

Están custodiadas en un altar al que se accede bajando una escalera de caracol y después de sortear las 7 cerraduras que la protegen.

Estas siete cerraduras sólo se abren con las 7 llaves que poseen el presidente de la República, el primer ministro, el arzobispo de Praga, los presidentes de la Cámara Baja y del Senado, el preposte del capítulo metropolitano y el alcalde de Praga. Así lo estableció Leopoldo II en 1791 para que la seguridad fuera máxima.

Prácticamente no salen nunca de la cámara ya que el estado aislado en el que se encuentran las mantiene conservadas a la perfección. Además, la corona real debía permanecer siempre en la cabeza de San Wenceslao que se encuentra en dicha capilla.

En la cámara de las joyas de la corona checa se conservan también la almohada para la corona real, el manto de coronación y el estuche para las joyas.

JOYAS MALDITAS II

Continuemos con nuestro especial sobre las joyas malditas de la historia.

En el post anterior os hablábamos del diamante Hope y el Dethi Purple Sapphire, tan letales como bellos. En este, lo vamos a hacer no de una joya en concreto sino en tesoros.

El primero y más conocido es el Tesoro de Tutankhamon.

Mundialmente conocido por las maravillas que encerraba dentro, su historia siempre ha estado plagada de leyendas y maldiciones.

16 fueron las personas que fallecieron a consecuencia de que Howard Carter y el conde de Carnravon profanaran la tumba del faraón. Según la leyenda, en una de las paredes que tiraron para acceder a la tumba había una inscripción: “La muerte vendrá con alas ligeras sobre todo aquel que se atreva a violar esta tumba”. Y así murió Lord Carnravon, por la infección de la picadura de un mosquito. Su medio hermano, Audrey Herbert, cayó muerto en su dormitorio al igual que el ayudante de Carter, Arthur Mace.

La secretaria de Carter y el padre de la misma, el radiólogo que le hizo las radiografías a la momia, amigos de Carter que habían estado con él en la tumba, médicos que participaron en la autopsia del faraón, etc. fueron víctimas de la maldición.

El que la evitó y murió por causas naturales evitando la funesta maldición fue el mismo Howard Carter. Aunque ello no le restó gravedad a la leyenda que, aún a día de hoy, se sigue manteniendo muy viva.

Otra de las leyendas que envuelven otro tesoro es de las joyas de la Corona Checa.

Dice de ellas la leyenda, que cualquiera que se ciña la corona sin ser rey, al cabo de un año morirá. Y un ejemplo bastante conocido de ello, es el del Reinhard Heydrich, máximo representante del Tercer Reich en Bohemia y Moravia. En una visita que realizó a las instalaciones donde se guardaban los tesoros de la Corona Checa, sintió la soberbia de ponerse la corona real. Un año más tarde fue asesinado por antifascistas checos.

No sabemos si por la leyenda o por el incalculable valor que tienen, pero nunca se exponen y nadie se puede acercar a ellas a no ser que sea por motivo de la coronación real.

Están custodiadas en una austera cámara gótica de la catedral de San Vito en Praga.