JOYAS MALDITAS III

En este post de hoy vamos a hablaros de otras joyas malditas o no, que han dado mucho que hablar.

El primero de ellos es el diamante Koh-i-Noor.

” Quien posea este diamante dominará el mundo,

pero también conocerá todas sus desgracias.

Solo Dios, o una mujer, pueden llevarlo con impunidad”

Actualmente está en la Torre de Londres junto al resto de joyas de la Corona Británica, pero este diamante ha recorrido más kilómetros de los que creemos.

Originariamente, el diamante era de la India y su significado en persa en “Montaña de la Luz”. Tiene 105 quilates, lo que llegó a hacer de él el diamante más grande del mundo.

Sus primeros propietarios fueron la dinastía Kakatiya, pasando después por las manos del Sultanato de Delhi, los mongoles, los indios y, por último, los británicos. Y en todos y cada uno de ellos, las desgracias se han cebado con los monarcas y sus descendientes varones. Y es que, como dice la leyenda, sólo Dios y las mujeres pueden llevarlo sin que les ocurra nada.

En España también tenemos oscuras leyendas sobre joyas maldecidas. Una de ellas es el ópalo de Alfonso XII.

En este caso cuenta la leyenda (o las malas lenguas) que Alfonso XII se tuvo un amor correspondido con la joven italiana Virginia Doini, condesa de Castiglione pero que por temas monárquicos tenía que casarse con su prima María de las Mercedes.

Despechada por el abandono, la condesa les envió como regalo de bodas un anillo de oro puro con un ópalo precioso que hizo las delicias de la futura reina.

A los pocos meses de la boda, Mª Mercedes enfermó y murió, pasando el anillo a propiedad de la abuela del rey, quien también enfermó y falleció al poco tiempo de la que pareció la misma enfermedad. La hermana y la cuñada del rey tuvieron el mismo fin al encapricharse con la joya y poseerla durante un tiempo.

Cuentan, que el propio rey, murió por el mismo motivo a la temprana edad de 28 años. Su viuda bendijo el anillo y se lo colgó al cuello al difunto Alfonso XII para enterrarlo con él.