Piaget

Piaget

Piaget, marca internacionalmente conocida, es una empresa de joyería y relojería suiza de lujo.

Se fundó en 1874 por Georges Edouard Piaget, quien tuvo su primer taller en la granja familiar de La Côte-aux-Fées y en un principio se especializó en relojes de bolsillo y en la fabricación de movimientos relojeros de alta precisión.

En 1911, su hijo, Timothée Piaget se hace con el negocio familiar y se centra en la fabricación de relojes de pulsera ejecutándolos con la misma pasión y el mismo éxito que su padre. A partir de ahí, las bases del negocio se cimientan y la empresa empieza a expandirse.

No es hasta que los nietos de Georges, Gérald y Valentin Piaget, se hacen cargo del negocio que la marca se registra legalmente en 1943. Gracias a ello, abren otra empresa más en la misma localidad pero más centrada en la innovación.

En los años 50, las colecciones de la marca Piaget se diversifican fabricando relojes de pulsera, relojes de bolsillo, relojes anillo, relojes gemelos y relojes broche, lo que les lleva a crear sus primeros artículos exclusivamente de joyería. Fue en 1957 cuando la marca lanza su reloj insignia, el Emperador, se abre una empresa íntegramente dedicada a la joyería en Ginebra e inauguran su primera tienda.

A partir de los años 60, el éxito de Piaget es imparable. Las grandes estrellas de EE.UU como Andy Warhol, Jackie Kennedy o Gina Lollobrigida se hacen incondicionales de la marca mostrándosela al mundo entero.

A finales de los años 80, Piaget es adquirido por el grupo de lujo Richemont (anteriormente conocido como Vendôme) presentándose nuevas colecciones.

El principio de los años 2000, Piaget abrió una nueva fábrica, en esta ocasión en Ginebra, con más de 40 oficios distintos dedicados a la joyería y a la relojería dedicándose, sobre todo, a diseñar y fabricar sus famosos movimientos mecánicos habiendo sido precursores de los movimientos extraplanos, los movimientos Tourbillon, los movimientos retrógrados y los movimientos automáticos.

Además, tiene una técnica de esmaltado única que convierte sus productos en obras de arte de la pintura. Y todas las piedras que utiliza en joyería se tallan, ajustan y engastan a mano.

En 2012 consiguieron el récord de fabricar el movimiento y el reloj automáticos más planos del mundo.

Breve historia de la joyería

En este post queremos haceros una breve introducción a la historia de la Joyería a lo largo de las diferentes civilizaciones y tiempos. Y es que, aunque parezca que es algo de hoy en día, lo cierto es que la joyería lleva existiendo desde el principio de los tiempos del ser humano.

La Edad del Bronce

Al principio eran piedras, dientes, huesos, conchas o cualquier otro mineral moldeable y fácil de encontrar lo que utilizaban para fabricar sus armas y los pequeños adornos y talismanes que utilizaban para diferenciarse de los demás. Extraían piedras preciosas que les sirvieran como herramientas y separaban las más bonitas para realizar sus joyas pero el descubrimiento del metal hizo que cambiara completamente tanto la tecnología como el uso del mismo.

Ahora sus armas, herramientas y ornamentos eran de cobre, hierro y bronce lo que hizo que se desarrollaran trabajos de orfebre para moldearlas. Además fue en esa época cuando metales como el oro y la plata así como las piedras preciosas empezaron a crear la diferenciación de estatus social.

De esa época se han encontrado valiosos tesoros de joyas entre los que destacan los brazaletes, collares, anillos, figuras y pendientes.

El Antiguo Egipto

Esta es quizás una de las civilizaciones que más uso hizo de las joyas a las que asociaban con significados y creencias religiosas por lo que mayoritariamente lo que más se han encontrado has sido amuletos de todo tipo.

Para ellos, la posesión de ciertas joyas eran indicadores de rangos, oficios, poderes, premios, decoración, como motivos rituales o como ajuar funerario de los altos cargos del Estado.

Lo que más les gustaba utilizar eran el oro, la plata, el cobre, el jade, el lapislázuli y el rubí y muchas son las que se han encontrado para su estudio gracias a la costumbre de los egipcios de hacerse enterrar con sus joyas más preciadas.

Grecia

En esta época se llevaba la combinación de oro con piedras preciosas y elaboraban piezas muy delicadas y finas con diseños simples como las hojas o las espirales. Hacían pulseras y colgantes con ámbar, pendientes tallados en cristal, diademas de oro…normalmente utilizados como ajuar funerario, destacando de aquella época la famosa máscara de Agamenón realizada completamente en oro.

Además fueron ellos los que inventaron el camafeo, que hacían de una sola pieza con un tipo de ágata que traían de la India y que denominaron Sardónice.

La Antigua Roma

Para los romanos la joyería adquiere una especial importancia ya que era utilizada por todas las clases sociales como producto de embellecimiento personal. Se fabricaban agujas para el pelo, peines, anillos, pendientes, etc y lo hacían con bronce, marfil, huesos, combinaciones de varias, etc. Dependiendo de la belleza, material y diseño indicaban un mayor nivel social.

En esa época encontramos, por primera vez, el anillo de compromiso, que originariamente era de hierro y constituía una promesa pública entre un hombre y una mujer.

Solían utilizar plata, oro, cerámica, piedras preciosas o pasta vítrea, entre otras muchas, para la elaboración de todos sus adornos.

La cultura precolombina

Famosos por haber trabajado, sobretodo, el oro y la plata, los precolombinos destacaron por sus fastuosos ajuares funerarios en los que se han podido encontrar todo tipo de ornamentos además de cascos, máscaras, armas…

Para ellos era algo sagrado que explotaron al máximo gracias a la abundancia de piedras preciosas como esmeraldas, jade o turquesas.

Los Fenicios

Eran un pueblo comerciante que se estableció en diversas colonias de la península ibérica y que desarrollaron nuevos conceptos en el mundo de la joyería tales como la soldadura del oro, lo que hizo que pudieran crear joyas muy flexibles y con menor peso. Utilizaban ganchos, remaches y charnelas para los cierres de sus creaciones; inventaron nuevas técnicas para hacer filigranas y repujados; explotaron minas de estaño, oro, plata y cobre y crearon objetos nuevos como los candelabros de Lebrija.

La época Bizantina

Fue una época de grandes ostentaciones en las que destacó el uso de las cruces de oro a modo de colgante y en la que, sobre todo los religiosos, abusaban de la excesiva cargazón de joyas.

La Edad Media

La diferenciación de estatus social se hizo mucho más evidente y la utilización de joyas era casi exclusivo de los reyes, los eclesiásticos y los nobles. Se convirtieron en símbolo de poder y riquezas destacando las piedras preciosas que venían de Oriente.

Lo que más se utilizaba eran los broches, que se pusieron de moda, o las hebillas que utilizaban una nueva técnica consistente en la colocación de capas de granate en los alvéolos realizados en el oro o la plata.

El Renacimiento

Fue el resurgir de las artes y de las nuevas tecnologías. Ya no sólo se utilizaban las piedras preciosas como joyas sino como elementos decorativos arquitectónicos en las que priorizaban el alabastro y la malaquita. Se comenzaron a utilizar, también, en la moda mediante el bordado, por ejemplo, de perlas en las indumentarias de terciopelo y seda y los grandes pintores de la época, como Durero o Holbein, utilizaban sus dotes artísticas para diseñar fantásticas piezas de joyería.

En aquella época, España fue uno de los centros joyeros más importantes gracias a los tesoros que llegaban de América.

De los siglos XVII al XIX

Fue esta una época de mayores avances tecnológicos lo que permitió que se pudieran tallar diamantes, lo que la hizo una de las piedras más demandadas del momento. Además, se pudo comenzar a fabricar en serie aminorando así los precios y dando lugar a lo que hoy llamamos bisutería.

Aparece el aderezo o conjunto de joyas que, normalmente, estaba compuesto por pendientes, collar, broche y anillo para las mujeres y hebillas de zapato, empuñadura del sable e insignia de la orden de caballería en los hombres.

Los estilos que más gustaban eran los gótico, neoclásico, egipcio y renacentista y en la Francia de esos tiempos se impuso un estilo ostentoso y recargado que su único objetivo era exhibir cuanto más, mejor. Predominaba el uso de oro, piedras preciosas y semipreciosas y acero.

La orfebrería comenzó a tener un lugar importante llegado ya el siglo XIX y muchos fueron los grandes diseñadores que hicieron las delicias de la más alta sociedad del momento. Se pusieron de moda los relojes, los sellos y las tabaqueras de oro y piedras preciosas.

A partir del siglo XX

Surgió el Art Nouveau en la joyería gracias al diseñador Lalique que cambió la idea de la misma convirtiéndola en diseño puro.

Se dieron nuevos avances tecnológicos para tallar y tratar las piedras preciosas lo que ha hecho que cualquier persona tenga acceso a su compra por lo que se ha extendido socialmente con la utilización masiva, por parte de todo el mundo, de relojes, anillos, colgantes, pendientes o pulseras.

Se puede decir que, hoy en día, las joyas se han convertido en parte indispensable de la sociedad y que prácticamente todo el mundo, con un mínimo de posibilidades, puede adquirir una joya para lucir.

Joyas de la Corona Checa

A lo largo de este blog hemos hablado de joyas de la corona europea y una de ellas nos faltaba. Quizás la más antigua y más importante de todas: las joyas de la Corona Checa.

Realmente pocas son las joyas que la componen pero de una importancia histórica igual y un valor económico inigualable.

Las joyas de la Corona Checa la componen la Corona de San Wenceslao, El Cetro y el Orbe Real y El Manto de Coronación.

Corona de San Wenceslao.

La Corona de San Wenceslao es, quizás, de las más antiguas conservadas de Europa. La mandó confeccionar el rey Carlos IV en 1347 para la ceremonia de su coronación y la de todos sus sucesores, dedicándosela al santo patrón checo, San Wenceslao. La última coronación en la que se ha utilizado ha sido la de Fernando V en 1863, en total, 22 monarcas que la han lucido en sus ceremonias.

Está realizada en oro de 22 quilates y se trata de una esfera de la que salen cuatro triglifos en forma de flor de lis y rematada con un crucifijo en la que se puede leer la siguiente inscripción: “Hic est spina de corona domini” o lo que es lo mismo “Aquí se conserva un espino de la corona de Cristo”. La cruz está rematada con un camafeo de zafiro y piedras preciosas.

Tiene engastadas la friolera de 20 perlas naturales y 96 piedras preciosas entre las que se encuentran 6 de los 10 zafiros más grandes del mundo. Mide 19 centímetros de alto y pesa casi 2,5 kilogramos.

Está envuelta en una leyenda mediante la cual cualquiera que ose ceñírsela sin ser el legítimo rey, morirá en un plazo máximo de un año. Curiosamente, en la época de la II Guerra Mundial, el general alemán Reinhard Heydrich, en un alarde de soberbia, se colocó la corona sobre su cabeza. Un año después murió en un atentado de los antifascistas checos. Hasta el momento no se ha conocido otro caso.

El Cetro y la Esfera Real.

Ambas joyas de la Corona Checa fueron elaborados alrededor del siglo XVI en el mismo taller, aunque no se tiene constancia de en cual.

Están confeccionados en oro puro de 18 quilates.

El Cetro mide unos 67 centímetros de largo, pesa 103 gramos y está adornado por 61 perlas, 4 zafiros y 5 espinelas, decorado con hojas y flores.

La Esfera mide 22 centímetros, pesa 800 gramos y tiene la forma de 2 hemisferios unidos por un arco de perlas y piedras preciosas y está decorado con escenas bíblicas de la Creación del Mundo y David y Goliat.

El Manto de Coronación.

Está confeccionado en seda entretejida con hilos de hora y bordeada completamente por piel de armiño, exclusiva de la realeza. Tiene forma semicircular y mide 3.12 metros de ancho y 2,36 metros de largo.

Su último uso se realizó en 1836 en la coronación de Fernando V.

Capilla de San Wenceslao.

Todas las joyas de la Corona Checa se encuentran en una pequeña cámara de la Capilla de San Venceslao de la Catedral de San Vito, Praga.

Están custodiadas en un altar al que se accede bajando una escalera de caracol y después de sortear las 7 cerraduras que la protegen.

Estas siete cerraduras sólo se abren con las 7 llaves que poseen el presidente de la República, el primer ministro, el arzobispo de Praga, los presidentes de la Cámara Baja y del Senado, el preposte del capítulo metropolitano y el alcalde de Praga. Así lo estableció Leopoldo II en 1791 para que la seguridad fuera máxima.

Prácticamente no salen nunca de la cámara ya que el estado aislado en el que se encuentran las mantiene conservadas a la perfección. Además, la corona real debía permanecer siempre en la cabeza de San Wenceslao que se encuentra en dicha capilla.

En la cámara de las joyas de la corona checa se conservan también la almohada para la corona real, el manto de coronación y el estuche para las joyas.

La Gran Corona Imperial Rusa

Los Romanov fueron una de las dinastías más importantes y duraderas de Rusia y para la coronación de sus soberanos se mandó confeccionar una joya digna de los zares de Todas las Rusias: la Gran Corona Imperial.

Originariamente, se utilizaba para la coronación de los zares, el denominado Gorro de Monómaco, símbolo de la autocracia rusa, gorro de origen oriental confeccionado en oro y compuesto por ocho sectores ornamentados con filigrana de oro y bordeado de piel.

De hecho, cuando Miguel Romanov fue proclamado zar como Miguel I de Rusia, en 1613, lo utilizó junto con el collar ceremonial, el cetro, el orbe, la cruz pectoral y una cadena de oro.

La Corona Imperial de Rusia no fue utilizada hasta la llegada al trono de Catalina II de Rusia en 1762 y la última vez que se utilizó para un evento público relacionado con los zares fue en la I Duma de 1906 en la que el zar Nicolás II de Rusia realizó la ceremonia de apertura.

A lo largo de la historia, la Corona Imperial Rusa se ha utilizado en las coronaciones de Catalina II, Pedro III, Pavel I, Alexandr I, Nicolás I, Alexandr II, Alexandr III y Nicolás II durante unos 144 años.

Su forma tiene origen en los modelos bizantinos. En la parte inferior de la misma se encuentra el anillo que toca sobre la cabeza del zar. Después se sitúa la mitra, que está dividida en dos semi esferas, bordeadas de perlas, que representan el Imperio Romano de oriente y occidente. Entre ambas se colocó un arco en forma de hojas de laurel recubierto de diamantes que representa el poder temporal de la monarquía. Sobre el arco, podemos ver una espinela roja de 398,72 quilates, rematada por una Cruz de 5 diamantes, en representación de la fe cristiana del soberano y del imperio. En el interior de la corona nos encontramos con precioso terciopelo rojo, referencia a los emperadores romanos. Toda la corona está recubierta por 4936 diamantes que le dan un peso total de más de 4 kilos.

Hoy en día, está custodiada y expuesta en el Fondo de Diamantes sito en la Armería del Kremlin, en Moscú. Aunque durante muchos años estuvo en paradero desconocido por los rusos, ya que, tras la Revolución de Octubre, las joyas de la Corona fueron utilizadas como garantía de un préstamo realizado por la República de Irlanda. La Corona pasó a estar custodiada por la familia Boland, que debido a la Guerra Anglo-irlandesa, no se arriesgó a hacerse cargo de ella y se la pasó al gobierno, quien la retuvo hasta que, en 1948, el dirigente John A. Costello, pretendió venderlas en subasta pública en Londres. Tras varios litigios, se decidió que había que devolverla a sus legales propietarios, por lo que Rusia se hizo con la Corona Imperial de nuevo.

La Corona Imperial Rusa aparecía en el escudo grande del Imperio, en el escudo de Estado mediano y en el escudo de Estado pequeño. Hoy en día está en el escudo de Rusia y en el de San Petesburgo y, durante 100 años, en el de Polonia.

Gracias al zar Pedro I el Grande, tanto la Corona Imperial como otras joyas de incalculable valor fueron depositadas en lo que se llamó en Fondo de Diamantes, en el que se creó un fondo permanente para que albergara una importante colección de joyas para que fueran inviolables, no pudieran venderse, ni regalarse, ni mucho menos, ser modificadas.