GEMELOS PARA CAMISAS

Aunque parezca que las joyas son exclusivas de las mujeres, los hombres siempre han tenido su protagonismo en este tema. Relojes, alfileres de corbata, anillos, gemelos de camisas, etc. son signos de elegancia y buen gusto.

gemelos

De hecho, siempre se ha pensado que cuando un hombre lleva gemelos para camisas, se trata de un hombre elegante, culto, inteligente, un caballero en definitiva.

Pero no siempre ha sido así.

Sus orígenes no son tan glamurosos como cabría esperar. De hecho comenzaron siendo unas simples cuerdas o lazos que anudaban los puños de las camisas y que eran utilizados por todos aquellos que tuvieran las posibilidades de tener una camisa de doble puño.

Después se convirtieron en la joya más utilizada por los hombres ya que la puso de moda Louis XIV de Francia. Él mismo era un gran coleccionista, teniéndolos de todas las formas y materiales conocidos.

Por aquella época se pasaron a denominar, en vez de gemelos para camisas, boutons de manchette y la casa Charvet hizo un gran negocio con ellos, sobre todo, cuando crearon los gemelos de seda. Y con la Revolución Industrial pasaron a realizarse en serie, perdiendo así toda la exclusividad que tenían.

Hoy en día, es muy poco común el uso de los gemelos. Ya no se hacen tantas camisas de doble puño y las que se fabrican son para momentos puntuales como camisas de ceremonia o de boda. Además, muchos de los que se utilizan, son heredados, han pasado de generación en generación y es una tradición su utilización.

Lo que sí que es cierto, es que los gemelos para hombre no pasarán de moda mientras la elegancia exista.

Así que ya sabes, si quieres hacer un regalo a un auténtico caballero, no dudes en comprarle unos gemelos.

JOYAS MALDITAS IV

La última de las joyas de las que vamos a hablar en este especial de joyas malditas, es el diamante Orlov.

(http://orfebrealejandroglade.blogspot.com.es/2012/12/orlov-el-hermoso-diamante-maldito.html)

Se cree que originariamente era uno sólo junto al Gran Mongol, ahora desaparecido, aunque no hay nada probado. También se le conoce por el nombre de “Ojo de Brahama” por creerse que fue robado a la estatua de la deidad hindú Brahama.

Según la leyenda, quedó maldito al ser robado a un dios hindú, lo que provocó que todos aquellos que lo tuvieran en su poder acabarán suicidándose o muriendo en extrañas circunstancias.

El robo parece que fue perpetrado por un desertor francés, que tras años infiltrado junto a los hindúes (se hizo hinduista) elaboró un plan con el que hacerse con la preciada joya.

A partir de ahí, el diamante pasó por innumerables manos hasta que apareció en Ámsterdam, donde Grigori Grigórievich Orlov, conde ruso, lo compró por 400.000 florines. El motivo de compra tan elevada fue que se lo quería regalar a la futura zarina Catalina II de Rusia, de quien estaba perdidamente enamorado.

Catalina bautizó al diamante con el nombre del conde y parece que pasó a formar parte de la colección de las joyas de la Corona rusas hasta 1917 en la que se produjo la Revolución Rusa.

A partir de ahí se pierde la pista hasta que en 1932 aparece en Nueva York en manos del magnate J. W. Paris que se suicidó poco tiempo después. Años después cayó en las manos de Nadia Vygein-Orlov y Leonila Galitsine-Bariatinsky, princesas rusas quienes al tiempo de adquirirlo, se suicidaron en extrañas circunstancias.

Después de todo aquello, se decidió dividir el diamante en 3 partes para anular la maldición que parecía estar arraigado a él y fueron adquiridos por coleccionistas privados.

Desde entonces parece que la maldición ha cesado, aunque hace unos años, la actriz Felicity Huffman tuvo la oportunidad de lucir uno de ellos en la entrega de los Oscar pero, tras conocer la historia que lo rodeaba, decidió no hacerlo.

Hasta el día de hoy, no ha vuelto a ocurrir una desgracia de similares magnitudes.

JOYAS MALDITAS III

En este post de hoy vamos a hablaros de otras joyas malditas o no, que han dado mucho que hablar.

El primero de ellos es el diamante Koh-i-Noor.

” Quien posea este diamante dominará el mundo,

pero también conocerá todas sus desgracias.

Solo Dios, o una mujer, pueden llevarlo con impunidad”

Actualmente está en la Torre de Londres junto al resto de joyas de la Corona Británica, pero este diamante ha recorrido más kilómetros de los que creemos.

Originariamente, el diamante era de la India y su significado en persa en “Montaña de la Luz”. Tiene 105 quilates, lo que llegó a hacer de él el diamante más grande del mundo.

Sus primeros propietarios fueron la dinastía Kakatiya, pasando después por las manos del Sultanato de Delhi, los mongoles, los indios y, por último, los británicos. Y en todos y cada uno de ellos, las desgracias se han cebado con los monarcas y sus descendientes varones. Y es que, como dice la leyenda, sólo Dios y las mujeres pueden llevarlo sin que les ocurra nada.

En España también tenemos oscuras leyendas sobre joyas maldecidas. Una de ellas es el ópalo de Alfonso XII.

En este caso cuenta la leyenda (o las malas lenguas) que Alfonso XII se tuvo un amor correspondido con la joven italiana Virginia Doini, condesa de Castiglione pero que por temas monárquicos tenía que casarse con su prima María de las Mercedes.

Despechada por el abandono, la condesa les envió como regalo de bodas un anillo de oro puro con un ópalo precioso que hizo las delicias de la futura reina.

A los pocos meses de la boda, Mª Mercedes enfermó y murió, pasando el anillo a propiedad de la abuela del rey, quien también enfermó y falleció al poco tiempo de la que pareció la misma enfermedad. La hermana y la cuñada del rey tuvieron el mismo fin al encapricharse con la joya y poseerla durante un tiempo.

Cuentan, que el propio rey, murió por el mismo motivo a la temprana edad de 28 años. Su viuda bendijo el anillo y se lo colgó al cuello al difunto Alfonso XII para enterrarlo con él.